31-07-2008

Por primera vez

La mira fijamente a los ojos a través de los lentes de sol, desde el otro extremo de la banca, sabe que ella habla sólo para darse vueltas, que no sabe como decirlo, o tal vez no se atreve. Pero él la espera, incluso comenta un par de cosas. Espera impaciente que se ratifique lo que presiente, es obvio, sólo puede ser eso. Nadie rodea tanto algo que no sea el fin, como si rodearlo no fuera también decirlo. Entonces llega esa pausa previa, en la que ella mentalmente prueba un par de comienzos para su historia. Drásticamente cambia su tono de voz, su cara esboza alguna incomodidad, como si lo que quiere decir no quisiera salir. Desde ese momento todo empieza a suceder muy rápido, alguien pasa por el lado (¿qué importa quién era?). Ella habla mucho, dice muy poco. El no entiende nada.

“…mejor que esto se termine acá”

Y esa frase se queda atascada entre las hojas de ese árbol, uno no muy grande, pero que atraparía cada una de esas palabras, para siempre. Guardándolas para cada vez que él (queriéndolo o no) mirara ese lugar. Ella sigue hablando, al parecer intenta explicar lo que dijo. El ya no puede escucharla. De vez en cuando la mira, ve como ella gesticula exageradamente hasta que de pronto para y dice: “dime algo” y repite “dime algo”. Palabras que unidas al eterno silencio posterior quedarían enredadas a un lado de las otras entre las ramas del naranjo.

Por alguna razón que ninguno de los dos podría explicar, se levantan el mismo tiempo y caminan juntos, con el sol en sus espaldas. El habla por primera vez: “bueno.” Sus pensamientos viajan más rápido que su habla, así es que calla.

Chocan sus mejillas frías… ella piensa que volverá, él ya no quiere volver.

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