La vista fija en la punta de la zapatilla, movimiento pendular. Pensaba en como decirlo, pero así es difícil encontrar las palabras. Silencio. Nadie esta incomodo aún, de alguna forma las mentes y los gestos siguen conversando.
Años antes había ocurrido de manera parecida, él decidió empezar esa vez
- antes venia siempre a este lugar
- es mi primera vez
Vuelve otra vez el silencio. La vista, más hermosa en aquellos años, parecía continuar la conversación con algo de ruido. Ella lo mira y luego se va. Su nombre era Milia, y vivía a un kilómetro de ahí. Volvió caminando. Él sólo pudo decir esa frase, y pensar todo el día que fue muy poco.
Mario era un hombre ocupado, el nombre se lo había puesto el mismo. Tenía ya 36 años, vivía solo. Su único recuerdo era el manzano que daba sombra a su ventana. Ya no existía.
Pasaron tres años hasta que volvieron a encontrarse, por casualidad. Fue en el mismo lugar, esta vez se sentaron intercambiando la posición. Ella deslizaba la mano sobre la arena, como si buscara ahí lo que tenía que decir. Luego de un momento pareció encontrarlo.
- ahora siempre vengo a este lugar… gracias
- es mi primera vez desde entonces
Milia tomó una piedra y la tiró lo más lejos que pudo. El llevaba tres años pensando como decirlo, y aún así no podía. La vista fija en la punta de la zapatilla, movimiento pendular. Ella lanza otra piedra y con el ruido seco de su caída él empezó a hablar
- me has decepcionado tres veces. La primera fue cuando me dejaste solo, siendo un niño. La segunda fue hace tres años en este lugar, no me preguntaste que había sido de mí en estos 30 años. La tercera va a ser ahora, cuando te vayas sin decir nada.
Lo miró a los ojos durante unos 30 segundos. Luego se levanto y se fue.
19-03-2008
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