13-06-2007

“¿Por qué me siento poseído por mí?, Ya había olvidado como era. Desde que deje de volar me he vuelto vicioso y compulsivo, estoy atrapado en quien debo ser, debo… según dicen. Pero caer libre es la mejor parte de volar. El vértigo, tomar la decisión de cuando parar y la orgásmica sensación de la muerte a un paso, a un paso estoy de que acabe el puente, y la decisión ya está tomada, ¿por qué pensar?, no es el momento, tuve años para hacerlo”.

Tomó asiento en el borde del puente, mirando el precipicio que acariciaba sus pies, atrás habían quedado sus ropas y desvaloradas pertenencias. Sólo conservaba consigo la pulsera roja.

“Que difícil no concentrarse ahora, con un aire de despedida, pero hace años el placer no guía mis conversaciones, sólo insípidas pláticas de trabajo y la formalidad sin sentido de responderle a los taxistas”.

Sintió pasos tras de él, se volteó extrañado, venía una mujer, era rubia, alta, estaba desnuda, exceptuando unos zapatos rojos de taco alto. Llevaba un maletín oscuro en la mano izquierda. Se sentó a unos metros de él y arrojó el maletín al vacío.

- ¿Qué tenía?.

- Mis deseos de vivir, y algunas promesas que nunca cumplí.

Sintió la necesidad imperiosa de lanzarse antes que ella, pero aún se encontraba en la conversación interna.

“Ahora es el momento, ¿por qué me he dejado morir durante tantos años?”.

- Porque la muerte lenta y el ahogo parece ser casi gratificante para el ser que ha perdido sus esperanzas. - Contestó ella.

- Pero yo me había abandonado hace años, sin preocuparme de mí.

- ¿Y pretendías irte sin ti?.

- Había olvidado que existía.

Volvió cada uno al abismo de sus pensamientos. Transcurridos unos minutos, se pararon simultáneamente. Dos pasos atrás, uno largo adelante y el salto. Caían los dos paralelamente y faltando pocos metros para el suelo él miró a la mujer, extrañado por su cara de preocupación le preguntó.

- ¿Sabes volar?.

- No.

El volvió arriba, recogió cuidadosamente sus pertenencias y regresó a su casa con un alivio que no recordaba, lo había perdido la última vez que había sido él.

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